lunes, 13 de julio de 2009

Popol Vuh 16: El legado de quienes murieron en Xibalbá.


CAPÍTULO ANTERIOR DEL POPOL VUH.

[Los segundones] comenzaron sus trabajos para manifestarse ante su abuela, ante su madre. Primeramente hicieron su campo. "Oh abuela nuestra, oh madre nuestra, trabajaremos en los campos", dijeron. "No os aflijáis. Nosotros somos, nosotros, vuestros nietos, nosotros los sustitutos de nuestros hermanos mayores", dijeron Maestro Mago, Brujito. Entonces tomaron su hacha [para madera], su azadón, su coa, y caminaron, cada uno con su cerbatana al hombro. Al salir de su casa recomendaron a su abuela que les llevara su comida. "Oh abuela nuestra, que se nos dé a mediodía nuestro alimento", dijeron. "Muy bien, oh nietos míos", respondió su abuela. Llegaron en seguida allá donde estaba el campo. Por todas partes en donde hundieron su azadón en la tierra, el azadón sólo trabajó la tierra; ellos no trabajaban; el azadón sólo. Y golpearon con el hacha los troncos de los árboles y las ramas de los árboles, derribando, podando, derribándolo todo, árboles, bejucos; y cortaba aquella madera, hacía todo aquello, un hacha sola. He aquí que el azadón arrancaba mucho; innumerables las zarzas, los espinos, trabajados por un azadón sólo; innumerable lo que fue arrancado en las montañas pequeñas, las montañas grandes. Entonces ordenaron a un animal llamado Paloma Torcaz; habiéndola hecho subir a un gran tronco, Maestro Mago, Brujito, le dijeron: "Mira cuando nuestra abuela venga a darnos nuestro alimento; arrulla luego que llegue, arrulla y cogeremos el azadón, el hacha". "Muy bien", respondió Paloma Torcaz. He aquí que ellos no hicieron más que tirar con cerbatanas; en realidad no trabajaron el campo. Después de lo cual. Paloma Torcaz arrulló. Al instante vinieron, el uno a tomar el azadón, el otro a tornar el hacha. Habiéndose envuelto la cabeza, el uno se cubrió falazmente de tierra las manos, ensuciándose el rostro lo mismo, como un verdadero labrador; el otro se cubrió falazmente de astillas de madera la cabeza, como si verdaderamente hubiera podado, carpinteado. Entonces fueron vistos por su abuela. En seguida comieron. En verdad, no habían trabajado el campo; llegóse, pues, sin causa, a darles su comida.

Cuando llegaron a la casa: "Abuela nuestra, verdaderamente nos acostamos", dijeron al entrar, estirando sin motivo sus piernas, sus brazos, delante de su abuela. Cuando al día siguiente volvieron, llegaron al campo, todos los árboles, los bejucos, se habían vuelto a levantar, todas las zarzas, los espinos, estaban enmarañados, cuando llegaron. "¿Quién se ha burlado de nosotros?", dijeron. "Los que hicieron esto son todos los animales pequeños, los animales grandes, puma, jaguar, venado, conejo, zorro, coyote, cerdo, puerco-espín, los pájaros pequeños, los pájaros grandes; son ellos quienes hicieron esto y lo hicieron en una noche". En seguida comenzaron de nuevo a trabajar el campo, hicieron lo mismo en la tierra para cortar los árboles; celebraron consejo mientras cortaban los árboles, mientras arrancaban. "Solamente velaremos nuestro campo. Quizás sorprenderemos a quienes vinieron a hacer esto", dijeron celebrando consejo; después volviéronse a la casa. "¿Qué véis? ¿Se burlan de nosotros, oh abuela nuestra? Grandes hierbas, la gran selva, [hay] allá adonde estaba nuestro campo cuando de día fuimos, oh abuela nuestra", dijeron a su abuela, a su madre. "Volveremos, velaremos; no [está] bien que se nos haga eso", dijeron. En seguida se armaron, en seguida volvieron a sus árboles cortados y se ocultaron en ellos, se abrigaron a la sombra. Entonces los animalitos se congregaron, cada especie reuniéndose, todos los animales pequeños, los animales grandes; he aquí que a media noche llegaron. He aquí sus Palabras: "¡Arboles, levantaos! ¡Bejucos, levantaos!"; [así] dijeron al llegar, amontonándose bajo los árboles, bajo los bejucos; entonces avanzaron, se mostraron, ante los rostros [de los dos segundones]. He aquí los primeros: el puma, el jaguar; [los jóvenes] quisieron cogerlos, pero no se dieron a ellos. Entonces avanzaron, colas acercadas, el venado, el conejo; [los jóvenes] los asieron pero no arrancaron más que la extremidad de la cola del venado, [del conejo], que se les quedó entre las manos: habiendo asido la cola del venado, la cola del conejo, dichas colas fueron acortadas. El zorro, el coyote, el cerdo, el puerco-espín, no se dieron a ellos. Todos los animales se mostraron ante Maestro Mago. Brujito. Los corazones de éstos fueron afligidos porque no cogieron ninguno. Otro llegó, el último; llegó brincando. Entonces ellos se pusieron de través [en su camino], cogieron en un pañuelo a la Rata. Habiéndola cogido le apretaron vivamente la cabeza, queriendo ahogarla. Le quemaron la cola en el fuego; entonces la rata comenzó a llevar así la cola, a no tener pelos en la cola; sus ojos [volviéronse saltones] porque habían querido ahogarla los engendrados Maestro Mago, Brujito. "Que yo no muera por [obra de] vosotros. Vuestro oficio no es cultivar", les dijo la rata. "¿Qué nos cuentas tú ahora?", respondieron a la rata los engendrados. "Dejadme un momento. Mi Palabra está en mi vientre y yo os la contaré: dadme ahora algo de comer", dijo la rata. "Después te daremos de comer; cuenta primero", fue dicho. "Muy bien. He aquí que los bienes de vuestros padres llamados Supremo Mago, Principal Maestro Mago, quienes murieron en Xibalbá, existen suspendidos en lo alto de la mansión; sus anillos, sus guantes, su pelota; pero vuestra abuela no quiso mostrároslo, pues vuestros padres murieron por eso". "¿Dices la verdad?", dijeron a la rata los engendrados. Gran alegría [hubo] en sus corazones al oír la historia de la pelota. Habiendo contado la rata, ellos dieron de comer a la rata. "He aquí tu alimento; maíz, pimiento blanco, frijoles, cacao [moneda], cacao [clase extra], serán tuyos; lo que fuere conservado, olvidado, tuyo también y tú lo roerás", dijeron a la rata Maestro Mago, Brujito. "Muy bien, engendrados. ¿Qué diré si vuestra abuela me ve?", respondió. "Que tu corazón no tema. Aquí estamos nosotros, prestos estamos nosotros para responder a nuestra abuela. Vamos aprisa a subir a ese rincón de la mansión; vamos adonde es preciso ir; tú subirás aprisa adonde aquello está suspendido; nosotros veremos en los cordajes de la mansión; también veremos por nuestra comida", dijeron a la rata. Se consultaron una noche; después de haber celebrado consejo, Maestro Mago, Brujito, llegaron a mediodía. Sin mostrar la rata que llevaban, llegaron; el uno entró abiertamente en la casa; el otro fue al rincón de la mansión, en donde al instante dejó trepar a la rata. Pidieron entonces a su abuela su comida. "Moled solamente nuestro alimento; no deseamos más que un caldo con pimiento, oh abuela nuestra", dijeron. Ella les preparó al instante una copa de caldo caliente que puso delante de sus rostros. Solamente para engañar a su abuela, a su madre. Derramaron el agua del cántaro. "Nuestras bocas están verdaderamente secas. Id a buscar nuestra bebida", dijeron a la abuela. "Sí", dijo ella saliendo. Sin embargo, comieron, verdaderamente sin hambre; no obraban sino por fingimiento. Mientras vigilaban el caldo de pimiento para la rata, la rata trepaba junto a la pelota suspendida en lo alto de la mansión. Mientras vigilaban el caldo de pimiento, enviaron un Mosquito; el Mosquito, animal semejante a un cínife, fue al borde del río; al instante agujereó el fondo del cántaro de la abuela, y el agua se derramó por el fondo del cántaro; ella trató de tapar el fondo del cántaro pero no pudo. "¿Qué hace nuestra abuela? Nos sofocamos, [por falta] de agua; nos acabamos por nuestras bocas secas, dijeron a su madre, enviándola afuera. La rata subió en seguida junto a la pelota que cayó de las cuerdas de la casa con los anillos, los guantes, los escudos de cuero; los tomaron al instante y fueron a esconderlos en el camino que conducía al juego de pelota. Después fueron a buscar a su abuela al borde del río; su abuela, su madre, trataban cada una de tapar el fondo del cántaro. Llegaron ellos, cada uno con sus cerbatanas, [y] avanzaron hasta el borde del río. "¿Qué hacéis? Nuestros corazones se cansan; venimos", dijeron. "Ved el fondo del cántaro; no se puede tapar", respondió la abuela. Al instante ellos lo taparon. Volvieron, marchando delante de su abuela. He aquí cómo les fue entregada la pelota.

SIGUIENTE CAPÍTULO DEL POPOL VUH (próximamente).
INDICE COMPLETO DEL POPOL VUH.

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